encuentros

De pequeña tenía una gran pasión: partir piedras. Picarlas hasta que oliesen a quemado, descansar y seguir hasta descubrir qué escondían.

Paseaba por el campo buscando rocas con tamaño manejable, cogía otra mayor y las golpeaba entre sí. Cuando una cedía, sentía como algo me recorría el cuerpo cada vez que las veía. "¿Cómo puede haber tanta belleza escondida?" Me planteaba cada vez que veía los diferentes tipos de cuarzo, micas, piritas, laminados de pizarras.

Me llevaba una mochila cargada a casa y las colocaba en las baldas de mis “juguetes”, todas combadas pero felices de recibir mis tesoros.

Muchos años después, me encuentro con una piedra y me sigue intrigando qué misterio esconderá en su interior, donde no ha llegado el hombre con el corte.

En esta serie me coloco en miniatura, caminando por las grietas, donde imagino acantilados con la belleza escondida. Ahí me ubico, ahí me encuentro. Pequeña de nuevo, asombrada con su misterio.